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Eutanasia versus ayudar a dejar de sufrir

Julio 19, 2021 734Veces visto
Rafael Pacheco, médico jubilado y experto en bioética.

El pasado 25 de junio entró en vigor la Ley de Eutanasia. Valgan unas sencillas reflexiones para evitar el desasosiego que este hecho haya podido generar en determinados sectores del amplio espectro social.

Ante todo, deberíamos evitar escandalizarnos a priori por una norma legal, que pretende solucionar la dramática situación de quién la sufre de verdad.

Debe saberse que esta ley es despenalizadora y no estimuladora de este tipo de muerte. La obligación del médico es perseguir, en todo momento, el beneficio del paciente.

Cuando un enfermo, dada su pésima calidad de vida y su constante sufrimiento, reclama ayuda para poner fin a esa no deseada situación porque la considera indigna e inhumana, hay que tener en cuenta, valorar y respetar su petición.

La sociedad (cuyo lenguaje es la ética) y el Estado (cuyo lenguaje es el derecho) no pueden mirar para otro lado en función de valores que, siendo compartidos por muchos, no lo son por todos.

Lo que sí es obligación de ambos (el Estado y la Sociedad) es garantizar la capacidad, veracidad, reiteración en la demanda, ausencia de coacción y absoluta libertad  del que solicita ese especialísimo y excepcional modo de ayuda a una “buena muerte”, al ser para él lo único que juzga capaz de acabar con su sufrimiento y desesperación.

La clave son las cautelas. Esta ley que, como todas, es mejorable, establece una serie de ellas, garantizadoras de su correcta aplicación. Además, y esto es fundamental, respeta la posibilidad de objetar conciencia al profesional que, en virtud de sus principios ideológicos, morales y religiosos, rechaza esta colaboración, a pesar de que se trate de dar cumplimiento a la voluntad del paciente.

Se establecen unas comisiones autonómicas de garantía y evaluación, que serán quienes finalmente autorizarán o denegarán cada petición de eutanasia. Antes habrán intervenido un médico responsable y un médico consultor.

En el caso de negativa, siempre queda el recurso al amparo legal por la vía contencioso-administrativa.

Respecto a lo que se argumenta sobre que una potenciación de la medicina paliativa evitaría los casos de eutanasia, es muy cierto, pero nunca los anularía completamente.

No es contradictorio disponer de una excelente medicina paliativa y, además, por respeto a la autonomía de nuestros ciudadanos, que esté  vigente una correcta y mesurada ley de eutanasia.

El médico siempre fue visto como agente de vida. Ésta será la principal dificultad para la puesta en marcha de la Ley. Costará tiempo que sea admitida la posibilidad de que, ese agente de vida, en muy escasas ocasiones, pueda actuar como agente colaborador de la muerte.

Me temo que la objeción será casi masiva, más por la presión social y política que por la  ética personal de cada cual.

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