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La salud integral de las mujeres y la COVID-19

Octubre 01, 2020 223Veces visto
Mª Trinidad Herrero, catedrática de la Universidad de Murcia y Presidenta de la Real Academia de Medicina de Murcia

La pandemia COVID-19 sigue aquí y parece que va a continuar con nosotros durante mucho tiempo. Esta pandemia global ha cambiado la vida, hábitos y costumbres, de millones de individuos en todo el planeta. Estamos aterrados ante sus consecuencias no solo sanitarias sino también económicas y sociales. Todavía siguen explorándose las secuelas de la infección por el virus; no solo las secuelas en la salud sino también las consecuencias sociales y económicas.

El virus SARS-CoV2 afecta de manera predominante a las personas mayores y con consecuencias fatales. Los niños y los jóvenes pasan la infección, en general, sin graves complicaciones. Asimismo, los varones adultos son más susceptibles al virus cuando se compara con la población femenina. Sin embargo, los condicionantes sociales, económicos y culturales demuestran que, como colectivo, las mujeres están sufriendo de manera directa o indirecta los efectos de la pandemia. Esta realidad es flagrante en los países más pobres y en aquellos con menos políticas sociales, pero también se evidencia en países más ricos.

Así, están aumentando las consultas por ansiedad, por estrés y por agravamiento de otras enfermedades mentales y psicosomáticas, sobre todo en población femenina. Y es que la cronicidad del estrés emocional se continua de serias complicaciones físicas.

Se ha demostrado que al enfrentar las consecuencias de la pandemia existen realidades muy diferentes de los hombres y de las mujeres y no solamente en países menos industrializados. En situaciones de bonanza económica se pueden desarrollar las políticas de igualdad de género, pero en momentos de crisis (y todavía no hemos llegado al cénit del desastre económico) son las personas más vulnerables las que lo sufren de manera más acuciante, por ejemplo, en la pérdida de empleo y en consecuencia en obtener el sustento económico para ellas y sus familias. Las mujeres suponen el 39 por ciento de los empleos a nivel mundial, pero el 54% ha sufrido pérdida de trabajo. Se calcula (en Estados Unidos e India) que el índice de pérdidas de empleo de las mujeres en 1.8% mayor que el de varones. Y estas situaciones tienen consecuencias en la salud tanto física como mental. La realidad de la desigualdad económica y los problemas del entorno afecta al equilibrio emocional, mental e inmunológico, provocan estrés mantenido y pueden desencadenar enfermedades no solo mentales sino somáticas.

Asimismo, el número de víctimas de violencia de género, en su gran mayoría mujeres, ha aumentado durante el confinamiento. Nos llegan las noticias de los asesinatos, pero no tanto del maltrato continuado tanto psíquico como físico (que también sufren en silencio los hijos). Son mujeres que han quedado atrapadas en las cárceles del abuso en sus propios domicilios y que está ocurriendo en diferentes clases sociales y culturales.

El impacto de la COVID-19 sobre las mujeres está siendo desproporcionado y debe tenerse en cuenta, analizar la situación en cada colectivo social y establecer políticas de ayudas. En los países más industrializados hay núcleos muy desfavorecidos en las grandes ciudades que no solo afloran, sino que están aumentando con la crisis. Además, la población de estas áreas es la más susceptible a los contagios como vemos cada día en las noticias y las mujeres sigun sufriendo las consecuencias de forma silente.

Las medidas que sean buenas para la igualdad de género lo sean también buenas para la economía y para la salud de la sociedad en su conjunto. Todos ganamos. Recordemos que la salud ha de verse desde una perspectiva integral, y que ya la Organización Mundial de la Salud en su constitución (firmada en 1946 y que entró en vigor en 1948) establecía que la salud no es solo la ausencia de enfermedad sino el estado integral de bienestar físico, mental y social.

 

FDO: Mª Trinidad Herrero.

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