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Superviviente de cáncer y covid-19: "Vivir sin miedo a la muerte es el regalo que me concedió la enfermedad"

Junio 19, 2020 1504Veces visto
Ana Belén Mínguez, periodista y empresaria de Murcia.

La enfermedad comienza con una palabra cargada de significado: te transformas en el paciente…Como enferma recibes una colleja de realidad, entendiendo el verdadero significado de la paciencia. Te abrazas a ella para superar el dolor, las horas infinitas de pruebas médicas, las noches sin dormir previas a un diagnóstico o el sabor metálico en tu comida hindú.

En ese descenso a los infiernos te enfrentas a todos tus miedos personales y cambios físicos  para convertirse tu reflejo en el espejo en una nueva imagen de la que no quieres hacerte amiga; cambio de peso, pérdida de cabello, agotamiento físico extremo y el sufrimiento de tus seres queridos que te deja sin aire, pese a que intenten disimularlo.

Pero lejos de convertirse en un estigma, la enfermedad me enseñó que recuperar la alegría era el único camino. Aprender y agradecer los momentos sencillos es fundamental, es el motor hacia un gran estado de plenitud en el que cualquier cosa puede ser un estallido de carcajadas.

No elegimos lo que nos ocurre, pero descubrí que podía elegir cómo afrontar la situación y que, con mi transformación, mi entorno también lo hacía. Esa sensación de plenitud va de la mano de la vulnerabilidad, el pánico a cada revisión, la frustración del “volver a empezar” en caso de recaída.

Tu vida se convierte en una lavadora de emociones, donde hay de todo y al mismo tiempo. Y tocó aprender a ser valiente…la valentía se entrena, pero por desgracia no la ponemos a prueba hasta que la vida nos arrincona.
En estas últimas semanas en las que la enfermedad ha vuelto a mi vida y he tenido que convivir con la covid-19 y su asfixiante sensación de falta de oxígeno, me ha sido imposible no revivir episodios del pasado. Pero ha sido distinto, porque la enfermedad suele ser un proceso solitario y esto lo hemos vivido todos juntos.

Durante el confinamiento ha contactado conmigo más gente a través de las redes sociales. Tanto pacientes oncológicos como personas que no estaban enfermas. Me hablaron sobre el miedo y la sensación de angustia. He reído y llorado acompañándonos mutuamente. Y, realmente, he sentido esa solidaridad que tuvo como germen los balcones.

Quizá sea porque en el fondo soy utópica o que la enfermedad me dio aquel súper poder de vivir sin miedo a la muerte, que no pierdo la esperanza de un cambio de prioridades generalizado; la salud, la empatía y la solidaridad.
No soy ejemplo de nada, al final, todos vestidos con el pijama del hospital somos igual de ridículos con el culo al aire. Pero en ese baño de humildad, de nosotros depende aprender algo para siempre o continuar siendo de memoria corta.

Me siento muy orgullosa de nuestro personal sanitario, creo que merecen mayor reconocimiento económico. Desde aquí aprovecho para decirles públicamente lo que tantas veces les he dicho en privado: Gracias.
Y a todos vosotros, estéis pasando por lo que estéis pasando, deseo de corazón que nunca regaléis rendición. Pongamos de moda la alegría. Recibes lo que resuenas.

ANA BELÉN MÍNGUEZ

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