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Verano, canícula y veraneo

Julio 08, 2019 196Veces visto
Cuidado con el sol, las picaduras y los mayores

El verano es la estación del año en la que por fenómenos naturales, posición solar, eje terrestre, etc., más calor hace. Otros prefieren utilizar el término “canícula” para describir el mismo periodo, pero no, son las semanas de “máximo calor”, calor de perros (can).

La obligación anual de los médicos de familia es advertir y recordar que esta estación de vacaciones y relajación puede ser peligrosa para nuestra salud, lo que nos lleva a tomar alguna precaución para seguir siendo felices y estar bien.

Sol

El sol, que provoca en nuestra piel la activación de los melanocitos y ellos ese morenito estupendo, también activa año tras año (la piel tiene memoria, que diría mi reconocido y admirado doctor Pedro Alcántara, del centro de salud Molina) otras “cosas feas” de las que debemos protegernos. Entonces, ¿sol? Pues sí, moderadamente y antes de las 12 horas, entre otras cosas activa la vitamina D, la vitamina del calcio para los huesos; una buena hidratación, sobre todo en niños y mayores, no esperando a tener sed sino tomar cada poco tiempo; comer abundante fruta y verdura y protección solar máxima varias veces en la jornada.

Y cómo no, esa cervecita de aperitivo con un poco de pulpo y unos langostinillos del Mar muerto, perdón, Menor, y no “la siguiente que ésta siguiente la pago yo”. Bañito reconstituyente articular que mejora la terrible artrosis o la mejora y a casa a tomar una comida frugal pero de intensos sabores, evitando en lo posible fritangas, el marrano compulsivo y/o sus derivados.

Recomiendo siesta o cabezadita de treinta a cuarenta y cinco minutos después de la sobremesa con propuestas para arreglar el mundo, discusiones con cuñados, hijos y demás familia, lectura poco complicada y nada de política. Son estos periodos de feliz reunión donde más divorcios se producen, pero también donde con más facilidad brota el amor.

En resumen, cerebro para tomar el sol, máxima protección con cremas, gorros, camisetas suaves y gafas solares. Comidas sin excesos, máximo control del alcohol y algo de caminar, correr o bicicleta fuera de las horas donde pega con alegría el Lorenzo (canción popular donde así se llamaba al sol y a la luna Catalina), el running alocado y otras prácticas alocadas, como el barco del amigo del que bajamos como salmonetes después de bañitos y aperitivo huevero y mojamero precedido de unas latas de mejillones y navajas. (¿Les suena?)

Mayores

Especial interés tengo en advertir a las personas mayores y a sus familiares y amigos. Deben evitar que se bañen solos, y ojo a los tropezones dentro y fuera del mar. Las pastillas deben tomarse con disciplina espartana y los controles de salud no deben abandonarse tras consejo de amiguetes. También deben tener una buena hidratación junto a paseos cómodos y bien protegidos del sol.

Picaduras

Otro capítulo será para picaduras (ese mosquito amigo de la noche que se pasea por nuestro oído y pica como una culebra... Maldito seas) y urticarias, que, aún siendo muy molestas, y en algunos casos graves, precisan de consulta y no de brebajes (ese maldito Fenergan o la cortisona sin piedad) por indicación de vecinos o familiares. Y me olvidaba de las medusas, las que pican, no sé si marrones o blancas, invasoras o autóctonas, las que limpian el agua o no (ja, ja, ja). Primero lavaros con agua salada, y si no hay puesto de Cruz Roja u otro dispositivo sanitario, amoníaco diluido y en gasa.

Red asistencial

Gracias a Dios y a los hombres (al César lo que es del César) y a nuestros impuestos, disponemos de una magnifica red asistencial de centros de salud, Emergencias 112 y Protección Civil que suponen un gran alivio por su profesionalidad, entrega y poco reconocimiento social. Ellos son los indicados en atendernos en el caso que nos ocurra algo, magnífica y rápidamente. (Insisto, evitar consejos de amigotes vecinos y demás expertos de buena voluntad, pero con el conocimiento justo). Mi más sincero reconocimiento a esos profesionales, en espera de que sus servicios sean utilizados lo menos posible (porque no sean necesarios) y de forma racional.

Finalmente, observarán que no he prohibido nada, sólo estimular el sentido común de mis lectores con el ánimo que éstas sean las mejores vacaciones de su vida y la de los suyos.

 

Autores: doctor Juan Enrique Pereñíguez y doctora Celia Gil Gómez, médicos de familia del centro de salud Espinardo, área 1

Salud 21

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