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“Durante años dormí más veces en el hospital que en mi propia casa”

Marzo 04, 2021 306Veces visto


La protagonista de este testimonio es Aurora Atenza, una mujer de 58 años y natural de Archena, que lleva toda su vida combatiendo los efectos secundarios de una reacción alérgica que tuvo a los quince años de edad y que cambió su vida.

Aurora, que en ese momento de su vida desconocía completamente la enorme lista de medicamentos y compuestos a los que no podía recurrir por su alergia, sufrió una infección de orina. Una situación común en las mujeres jóvenes y que se suele resolver con antibióticos.

Así lo hizo Aurora, sin saber que en ese momento se empezaría a gestar en su cuerpo una reacción alérgica tan grave que le llevó a estar ingresada. “Se me llenó todo el cuerpo de ampollas, heridas y quemaduras, como si me hubieran rociado con gasolina”, cuenta. Además, esta situación le desencadenó un paro cardíaco.

Después de veinte días en coma producidos por la reacción alérgica, la peor parte se la llevaron sus riñones: dejaron de funcionar y desde aquel momento Aurora tuvo que entrar en diálisis. Durante años, todavía siendo una adolescente, estuvo inmersa en una lenta recuperación de su piel y de su autoestima para seguir adelante. “Se lo debo a mi madre –explica- Ella me obligaba a salir con mis amigas, me decía: No te quiero aquí antes de las doce”.

 El primer intento

 A los 24 años Aurora se trasladó a Madrid con el propósito de recibir un trasplante. Así fue, pero la alergia le volvió a jugar una mala pasada que casi acaba con su vida: en una de las últimas pruebas médicas para asegurarse de que el trasplante había salido bien, un producto le provocó reacción y causo que tuvieran que desechar el nuevo riñón.

Después de recuperarse, Aurora volvió a Murcia igual que se había ido. Este nuevo revés tampoco fue suficiente para parar a esta valiente mujer, que estuvo los siguientes 30 años recibiendo diálisis.

“Durante ese tiempo dormí más en el hospital de la Arrixaca que en mi casa”, nos cuenta, “porque a veces la diálisis me sentaba mal y tenían que ponerme ‘urbasón’ o adrenalina. Pero eso no me paró. Estudié ballet, ingeniería electrónica y muchas más cosas. También trabajé en una discoteca y en un herbolario durante veintidós años”.

 En esos treinta años, en los que además sufrió una arritmia y un ictus, Aurora aprendió a acostumbrarse a que le llamasen avisándole de que podían tener un riñón para ella, y que finalmente no pudiera ser así porque no se cumplían los requisitos.

Adiós a la diálisis

Por fin, el 5 de septiembre de 2019, Aurora recibió la llamada que puso fin a tantos años de diálisis. En ese momento pensó que sería otra falsa alarma, “me pasó muchas veces”, explica, pero al día siguiente ya tenía su trasplante realizado y podía decir adiós a la diálisis.

 Aurora, que nos cuenta esta historia con una sonrisa en la cara, explica de dónde procede toda su positividad: “La vida te la puedes tomar bien o te la puedes tomar mal. Y yo decidí tomármela bien. Tuve una madre coraje que no me dejó hundirme y que siempre me animó a hacer lo que yo quisiera, pero sin parar. En la diálisis se sorprendían de mi buen estado de salud dentro de la situación, así que me animaban también. Y Juanjo, mi marido, que es lo mejor que me ha pasado en la vida”.

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