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Doctor Nicolás Olea: “Hay plástico en la orina del 100% de los niños españoles”

Marzo 15, 2021 415Veces visto
Imagen del doctor Nicolás Olea, catedrático de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Granada

El bienestar del organismo está sometido a una gran cantidad de procesos que tienen lugar al mismo tiempo. Uno de los más importantes y complejos es el que produce el sistema hormonal, que controla que el cuerpo se comunique usando esas hormonas. Un ejemplo de esto es la comunicación entre la testosterona y los músculos en los hombres, y los estrógenos y los ciclos menstruales en las mujeres.

El doctor Nicolás Olea, licenciado y doctorado en Medicina y Cirugía, conocido por sus líneas de investigación en medio ambiente y salud en la Universidad de Granada, explica que esta comunicación se puede ver alterada por sustancias llamadas disruptores endocrinos. “Esto a veces produce que el mensaje aumente y otras disminuya. Los disruptores endocrinos confunden al sistema hormonal”, explica el doctor.

Niños y embarazadas

Las consecuencias de esta confusión pueden ser mínimas en personas adultas, pero ser realmente drásticas en el caso de personas de corta edad, incluso antes del nacimiento. En el caso de las mujeres embarazadas, las hormonas juegan un papel muy importante durante toda la gestación y, según afirma el doctor Olea, “la vulnerabilidad ante los disruptores endocrinos es doble, porque es la suya más la del embrión o feto”.

Por este motivo, los expertos en salud y medio ambiente enfocan su atención en la exposición que sufren los niños de menos edad. “En los niños se ven muchas cosas relacionadas con la disrupción endocrina. Lo más importante son los trastornos durante el embarazo, que se pueden manifestar en alguna susceptibilidad para enfermar, mayor riesgo de obesidad o problemas de desarrollo”, apunta el doctor Nicolás Olea.

También preocupa a los expertos la exposición durante la infancia, por ser una edad tan crítica para el desarrollo. Añade el doctor Nicolás Olea que “de ahí surge una frase que dije en su momento y que disgustó mucho a la gente: que el 100% de los niños españoles mean plástico en su totalidad, no un porcentaje, sino en la orina de la totalidad de los niños se encuentran monómeros de lo que llamamos plástico. En una conferencia me preguntaron que si no era también mi caso, si yo orinaba plástico y le dije que sí, que también había plástico en mi orina, pero que no era así cuando tenía cinco años y ahí está lo grave, la exposición tan temprana a los disruptores endocrinos”.

¿Cómo se absorben?

“Históricamente, lo más común es que los disruptores endocrinos entrasen en el cuerpo por vía alimentaria" apunta el doctor Nicolás Olea. Además de esta fuente de contacto con los disruptores endocrinos, la otra más común, según apunta el experto, es “la respiratoria y dermatológica: la dérmica es muy importante por la parte de los cosméticos, ya que muchos tienen componentes que son disruptores endocrinos como los parabenos, y por ello hay un interés enorme en que se regule de manera más estricta, principalmente para niños y mujeres embarazadas”.

Guía para evitarlos

El doctor Nicolás Olea recoge en su manual ‘Guía para evitar los disruptores endocrinos’ más de cuatrocientas páginas explicando cómo evitar el contacto con estas sustancias. En este libro ofrece pautas para identificar los contaminantes químicos, entender cómo actúan y saber cómo evitarlos, y ayuda a desterrar los falsos mitos o las publicidades engañosas. En clave de guía práctica, proporciona recomendaciones destinadas a eliminarlos de nuestro día a día.

Legislación lenta

La legislación para evitar que se sigan utilizando estas sustancias que, diseñadas para un fin distinto, terminan afectando al organismo llega, en palabras del doctor Nicolás Olea, “terriblemente tarde y muy poco a poco”.

El experto ejemplifica esta tardanza con el caso de un pesticida que se describió como disruptor endocrino de tipo estrogénico en el año 1988 y se continuó usando hasta julio de 2019. “Es decir, 31 años después, cuando ya ha habido evidencia de exposición ambiental, de daños en los peces de los ríos que sufren cambios de sexo, y hasta evidencias que lo relacionan con el cáncer de mama. Pero han pasado 31 años hasta conseguir que se deje de utilizar”.

Esta demora se debe a que “hay intereses comerciales, y los que tienen que tomar las decisiones consideran que la evidencia no es suficiente”, apunta el doctor Olea. Los expertos quieren que esta situación se invierta ya que “si tienes que demostrar que hace daño, cuando lo demuestras ya hay alguien que está sufriendo ese daño”, apunta el doctor Nicolás Olea, que añade que “como produce enfermedades comunes, muy frecuentes, no se puede saber si está realmente afectado, si lo ha producido específicamente eso y cuáles podrían haber sido evitados si no se hubiese producido la exposición”. Para frenar esta situación, los expertos sugieren “pedirle a la Administración que se haga lo que se conoce como ‘principio de precaución’, es decir, que actúe de forma preventiva aunque la evidencia científica aún no sea lo suficientemente fuerte”.

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